El tercer voto

de Phanishwarnath Renu

(traducción del hindi de Álvaro Enterría)


Un estremecimiento recorrió la espalda de Hiraman el carretero...

Durante los últimos veinte años Hiraman ha conducido un carro de bueyes. Traía arroz y madera desde Morang Raj en Nepal, del otro lado de la frontera. En los tiempos del control llevaba mercancías de contrabando de un lado a otro de la frontera, pero nunca había sentido un estremecimiento así...

¡Los tiempos del control! ¿Cómo podría Hiraman olvidar aquellos tiempos? Después de cuatro viajes llevando cemento y fajos de ropa desde Jogbaní a Biratnagar, había perdido todo el miedo. Todos los contrabandistas de Farbisganj le consideraban un carretero digno de toda confianza, y hasta el gran Sethji, el más importante comerciante de la zona, había alabado a sus bueyes con grandes palabras.

Le atraparon a la quinta vez, en la jungla del Terai, de este lado de la frontera.

El contable del comerciante iba escondido en su carro, asustado y acurrucado entre los fardos. Qué potente es la linterna de medio metro del inspector de policía, eso Hiraman lo sabe bien. Con que la luz te dé un momento en los ojos, te quedas ciego durante una hora. Y al mismo tiempo que les iluminó la luz, tronó una voz: "¡Eh! ¡Para el carro, idiota, o disparo!"

Los veinte carros se pararon con un gran estruendo. Hiraman ya había comentado antes: "Veinte carros, mal asunto...". El inspector de policía, iluminando con la linterna al contable que estaba acurrucado en su carro, se echó a reír con una carcajada demoníaca : "¡Ja, ja, ja! ¡El señor contable! ¡Ji, ji, ji! ¡Ey, idiota de carretero, qué es lo que estás mirando! ¡Quita la manta de encima de este saco! ¡Desgraciao!"

Debía de haber una antigua enemistad entre el inspector y el contable. De no ser así ¿cómo es que el policía no aceptó enseguida la gran cantidad de dinero que se le ofrecía? Allí mismo el contable le ofreció cuatro mil rupias. El inspector le volvió a pinchar con la porra. "¡Cinco mil!". Le pinchó de nuevo. "Primero bájate..."

Después de hacerle bajar del carro, el inspector le enchufó la linterna a los ojos, y junto con otros dos policías se lo llevó detrás de unos matorrales, a unos veinte metros de la carretera. Cinco policías con escopetas se quedaron haciendo guardia a cada lado de las carretas. Hiraman comprendió que esta vez no había escapatoria. ¿La cárcel? Hiraman no tenía miedo de la cárcel. ¿Pero y sus bueyes? A saber cuánto tiempo los tendrían encerrados en el recinto del gobierno sin nada que comer ni beber. Y después los subastarían. Ya nunca más se atrevería a presentarse delante de su hermano y su cuñada. Las voces de la subasta retumbaron en sus oídos: ¡Uno, dos...tres! Parecía que no se arreglaba el trato entre el inspector y el contable.

El policía apostado enfrente del carro de Hiraman le preguntó a otro compañero en voz baja : "¿Qué pasa? ¿No se arregla el asunto?" Y se dirigió hacia él con la excusa de ofrecerle tabaco de mascar.

¡Uno, dos...tres! Tres o cuatro carros tapaban ahora a Hiraman. Tomó una decisión. Muy despacio, soltó las ataduras del cuello de los bueyes. Luego, sin bajarse del carro, los ató entre sí. Los bueyes comprendieron lo que tenían que hacer. Hiraman se bajó del carro y sujetó una de las varas con un palo de bambú, liberando a los bueyes. Acariciándolos detrás de las orejas, les dijo: "¡Vamos, hermanos! Si salimos de ésta, ya conseguiremos otro carro. ¡Uno, dos, tres! ¡Vamos!"

Una larga fila de densos matorrales se extendía a lo largo de la carretera, cubriendo a las carretas. Conteniendo la respiración, los tres atravesaron los matorrales — sin un titubeo, sin un ruido. Y entonces, uno, dos, ¡al trote! Con gran valentía, los dos bueyes se adentraron en la densa jungla del Terai. Husmeando el camino, atravesando ríos y arroyos, por allá corrían con el rabo levantado, y Hiraman detrás de ellos. Toda la noche estuvieron corriendo esas tres criaturas...

Cuando llegaron por fin a casa, Hiraman se quedó completamente aturdido durante dos días. En cuanto recobró la consciencia, se agarró las orejas e hizo un juramento: a partir de ahora no transportaré nunca más esa clase de cargas. ¿Mercancía de contrabando? ¡Nunca, nunca! ...¡A saber qué habrá pasado con el contable! ¡Dios sabe qué habrá sido del carro! El eje era de acero del bueno. Si las dos ruedas no eran nuevas, al menos una sí lo era. Y colgando del techo, esas borlas de colores trenzadas con tanta dedicación...

Tomó dos votos. El primero, que no transportaría mercancía de contrabando. El segundo: nada de bambú. Antes que nada preguntaba a todos sus clientes: "¿No será nada de contrabando, no?" ¿Y el bambú? Para llevar bambú ya le podían ofrecer cincuenta rupias, que su carro no estaba disponible. Busque usted otro carro.

¡Un carro cargado de bambú! ¡La carga sobresale cuatro metros por delante y cuatro metros por detrás! El carro se vuelve totalmente incontrolable. Esa carga imposible de manejar, y encima en Kharaihiá. ¡Aquel accidente en la ciudad! El memo del criado del contratante, que iba andando delante sujetando el bambú, se puso de pronto a mirar a las chicas de un colegio. Total, que en la curva chocaron con un coche de caballos. Antes de que Hiraman pudiera tirar de las riendas, el bambú se había empotrado en el toldo del otro carro. El conductor empezó a dar latigazos mientras soltaba una lluvia de insultos.

Hiraman dejó de llevar no sólo bambú, sino también toda carga de Kharaihiá. ¡Y ahora, en cuanto había empezado a llevar mercancías de Farbisganj a Morang, se había quedado sin carro! Después de esto, durante varios años Hiraman trabajó con un socio, la mitad de las ganancias para el dueño del carro, la otra mitad para el de los bueyes. ¡Ja! ¡Y la conducción, gratis! Trabajando así a medias ni siquiera se podía llenar el estómago de los bueyes. Por fin, el año pasado se pudo comprar su propio carro.

¡Que la Diosa Madre1 bendiga al tigre de aquel circo! El año pasado en aquella feria se murieron los dos caballos que llevaban la jaula del tigre. Cuando llegó el día de trasladarse de Champanagar a Farbisganj, el director del circo fue al campamento de los carreteros y anunció: "¡Pagaré cien rupias!". Un par de carreteros aceptaron, pero en cuanto sus bueyes se acercaron a diez metros de la jaula del tigre empezaron a bramar aterrorizados: "¡Baaa-aaa!". Rompieron las cuerdas y se escaparon. Hiraman acarició la espalda de sus bueyes y les dijo: "Mirad, hermanos, una oportunidad así no va a volver a presentarse. Esta es la ocasión de comprarnos un carro. Si no, de nuevo a medias...¿Qué hay que temer de un tigre encerrado en una jaula? Ya habéis visto otras veces a tigres rugiendo en la jungla del Terai. Y además yo estoy aquí con vosotros..."

Todos los carreteros empezaron a aplaudir enfervorizadamente. Los bueyes de Hiraman habían salvado el honor de todos. Avanzaron rápidamente y fueron uncidos uno después del otro al carromato del tigre. Lo único que pasó fue que el buey de la derecha orinó en abundancia después de ser amarrado. Durante dos días Hiraman tuvo que mantener un trapo sobre su nariz. No había quien aguantara el olor del tigre sin taparse la nariz.

...Hiraman había llevado al tigre, pero hasta hoy no había sentido un estremecimiento así en la espalda. Hoy, oleadas de perfume de flor de champa llenan su carro. Cada vez que sentía ese hormigueo en la espalda, se sacudía con su gamcha2.

Hiraman sentía que en los últimos dos años la diosa de Champanagar estaba contenta con él. El año pasado, el trabajo del tigre. ¡Aparte de las cien rupias al contado, dinero para la comida, té con galletas, y durante todo el viaje la oportunidad de ver gratis las funciones de los osos, los monos y los payasos!

¡Y ahora, este pasajero femenino! ¿Es una mujer o una flor de champa? Desde que se subió, el carro no para de exhalar un maravilloso perfume.

Con una fuerte sacudida, la rueda de la derecha se metió en un bache de la carretera de tierra. Del interior del carro se oyó un débil gritito. Hiraman sacudió con el látigo al buey de la derecha y le gritó : "¡Idiota! ¿Qué crees, que llevamos una carga de sacos?"

"¡Oh! ¡No los pegues!"

La voz de la mujer oculta en la oscuridad del interior del carro le produjo a Hiraman un gran asombro. ¡Una voz suave como la voz de un niño, una voz tan cristalina!

* * *

¿Quién no ha oído el nombre de Hirabai, la actriz que representa el papel de Laila en la compañía de danza nautanki3 Mathuramohan? Pero Hiraman es un personaje peculiar. Se ha pasado siete años seguidos llevando cargamentos para las ferias, y nunca ha visto un teatro nautanki, ni una película de cinematógrafo. Ni siquiera ha oído nunca los nombres de Laila o Hirabai. ¿Qué necesidad hay de ver estas cosas? Así que cuando dos semanas antes de acabarse la feria apareció a medianoche una mujer envuelta en un chal negro, se sintió un poco receloso. Cuando el criado que la acompañaba llevando un baúl en la espalda intentó regatear el precio del viaje, la mujer le hizo signo de parar con la cabeza. Hiraman le preguntó al criado mientras uncía los bueyes: "Qué, amigo, ¿no será nada de contrabando, no?". Hiraman se quedó desconcertado de nuevo. El hombre del baúl le hizo signo de partir con la mano y desapareció en la noche. Hiraman recordó el sari negro de la vieja que vendía tabaco en la feria...

¡Quién puede conducir un carro en estas condiciones! Para empezar, sentía un estremecimiento en la espalda. Por otro lado una flor de champa ha florecido en su carro. Regaña a los bueyes y la pasajera pone objeciones. ...¡Su pasajera! ¡Una mujer sola, y no es una vieja que vende tabaco! Después de oír su voz, se vuelve una y otra vez y echa un vistazo bajo el toldo, y se sacude la espalda con la gamcha. ...¡Dios sabe lo que está escrito en su suerte! Al torcer hacia el este, un jirón de luz de luna se deslizó dentro del carro. Durante un instante, en la nariz de la pasajera resplandeció una chispa. A Hiraman todo esto le parece muy misterioso, realmente extraño. Enfrente se extiende la llanura, desde Champanagar hasta Sindhia. ¿No será una bruja, o una demonia?

La pasajera se reclinó.La luz de la luna le iluminó toda la cara, y Hiraman casi no pudo evitar lanzar un grito:"¡Dios mío! ¡Es un hada!"

Los ojos del hada se abrieron. Hiraman se volvió hacia la carretera y arreó a los bueyes. Chascó la lengua contra el paladar, pero hacía mucho tiempo que su lengua se había quedado seca como la madera.

"Hermano, ¿cómo te llamas?"

Uh, uh, ¡qué voz! Todo el cuerpo de Hiraman se estremeció. De su boca no salía ningún sonido. Hasta los dos bueyes estiraron las orejas intentando escuchar esa voz.

"Mi nombre... ¡Me llamo Hiraman!"

La pasajera sonríe... su sonrisa exhala una dulce fragancia...

"Entonces te llamaré amigo en vez de hermano. Yo también me llamo Hira."

"¡Iss!", exclamó Hiraman, escéptico. "Hay mucha diferencia entre los nombres de los hombres y los de las mujeres."

"Sí, yo me llamo Hirabai."

"Hiraman es muy distinto de Hirabai."

Hiraman regañó a los bueyes: "¿Pensáis hacer un viaje de cien kilómetros estirando las orejas para escuchar nuestra conversación? Este buey bajito de la izquierda es un demonio". Y golpeó suavemente con el látigo al buey de la izquierda.

"No los pegues, déjalos ir despacio. ¿Qué prisa tenemos?"

Ahora se le presentó a Hiraman el problema de cómo dirigirse a Hirabai. ¿Le llamaría de tú o de usted? En su dialecto uno llamaba a los mayores y a la gente importante ‘ahá’, o sea usted. En la lengua de la ciudad Hiraman puede decir unas cuantas cosas, pero sólo en el dialecto del pueblo es capaz de hablar a gusto largo y tendido.

Desde hace tiempo Hiraman siente una gran aversión por la neblina que cubre el campo en los amaneceres del mes de Kártik4. Varias veces se ha salido de la carretera y ha perdido el camino. Pero hoy está encantado en medio de la densa niebla del alba. La brisa trae el aroma del arroz florecido que crece en los campos a la orilla del río. Un olor semejante llenaba su pueblo en los días de feria. En su carro floreció de nuevo la flor de champa, y sobre esa flor está sentada un hada. ¡Bendita sea la Diosa!

Hiraman echó una mirada de soslayo. Su pasajera... su amiga... Hirabai le estaba buscando con los ojos. Una melodía desconocida empezó a resonar en su interior.Un hormigueo le recorre todo el cuerpo. Al fin dijo: "Si pego a los bueyes, ¿le parece a usted muy mal?"

Hirabai ya había llegado a una conclusión: Hiraman es una auténtica joya5.

Un hombre de campo de cuarenta años de edad, cuerpo fuerte y tez oscura, sin más interés especial en el mundo que su carro y sus bueyes. En el pueblo tiene un hermano que cultiva el campo, un hombre de familia. Hiraman respeta a su cuñada aún más que a su hermano, y la teme también. Hiraman estuvo casado hace tiempo, cuando era niño6, pero su mujer murió antes de ir a vivir con él. Ya ni siquiera recuerda la cara de su mujer... ¿Casarse otra vez? No se vuelve a casar por varias razones. Su cuñada insiste en que sólo arreglará la boda de Hiraman con una joven soltera. Eso quiere decir una niña de cinco o siete años. ¿Quién hace caso de las leyes sobre la edad del matrimonio? Y un padre no entregará a su hija en matrimonio a un viudo más que en caso de extrema necesidad. Su cuñada siguió en sus trece y se obstinó en su decisión. ¡Incluso su hermano no pudo hacer nada! ...Ahora Hiraman ya ha tomado una decisión: no volverá a casarse. ¿Para qué invitar a la desgracia? Y después de casarse ¿cómo iba a seguir llevando un carro? Y Hiraman puede renunciar a todo, salvo a conducir un carro.

Pocas veces Hirabai se ha encontrado con un hombre con tan poca malicia como Hiraman. Éste le pregunta: "¿En qué distrito está su casa?". Al oír el nombre de Kánpur estalla de risa, inclinando la cabeza, y hasta los bueyes se quedan sorprendidos. Al acabar de reír, dice : "¡Kánpur, la ciudad de la oreja! ¿Entonces habrá también una Nákpur, la ciudad de la nariz?". Y cuando Hirabai le confirma que en efecto existe una Nákpur, se dobla de risa otra vez.

"¡Qué mundo éste! ¡Qué nombres hay! ¡La ciudad de la oreja, la ciudad de la nariz!". Hiraman observa con atención la flor del pendiente en la oreja de Hirabai. Al ver la gema en su nariz le da un temblor. ¡Una gota de sangre!

Hiraman nunca ha oído el nombre de Hirabai. Él no piensa que una bailarina de nautanki sea una prostituta7. Ya ha visto a otras mujeres trabajando en una compañía ambulante. La mujer del dueño del circo venía con sus dos hijas a la jaula del tigre y le daban de comer y beber con mucho cariño. La hija mayor también les daba pan y tortas a sus bueyes.

Hiraman es cauteloso. En cuanto se dispersó la niebla, colocó su chal sobre el toldo del carro en forma de cortina. "¡Sólo dos horas más! Después se hará difícil seguir. No podría usted soportar el polvo de las mañanas del mes de Kártik. Pararemos el carro al borde del río Kájari, cerca de Tegachiá. Allí pasaremos las horas del mediodía."

Observó con cautela un carro viniendo a lo lejos, y se concentró en la pista y los bueyes. Al cruzarse, el otro carretero le pregunta: "¿Se ha acabado ya la feria, hermano?"

Hiraman le contesta que no sabe nada de la feria. Lleva en su carro a una mujer que va a reunirse con su marido. Y dice el nombre de un pueblo que se le pasa por la cabeza.

"¿Dónde está Chatapur-Pachirá?"

"Esté donde esté ¿qué más da?". Hiraman se rió de su propia astucia. A pesar de estar echada la cortina, sigue sintiendo el hormigueo en la espalda.

Miró a través de un agujero de la cortina. Hirabai se está mirando los dientes en un espejo del tamaño de una caja de cerillas. ...Una vez compró un collar de pequeñas conchas moteadas para sus bueyes en la feria de Madanpur. Una fila de pequeñas, diminutas conchas.

Desde lejos se ven los tres árboles de Tegachiá. Hiraman dijo, apartando un poco la cortina: "Mire, aquí está Tegachiá. Hay dos árboles banianos8 y un...cómo se llama esa flor...como las flores de su blusa, así...huelen muy bien, su olor llega a veces hasta cuatro kilómetros de distancia; la gente también las fuma a veces mezcladas con tabaco fermentado."

"Y esas casas detrás del campo de mangos ¿es un pueblo o un templo?"

Hiraman preguntó antes de encender un bidi9: "¿Puedo fumar? ¿No le molesta el olor? ...Esa es la mansión de Námlagar. Es de la familia del rajá que organiza la feria de la que venimos... ¡Qué tiempos aquellos!"

Hiraman había empezado a hacer interesante la conversación. Hirabai apartó la cortina. ...La fila de dientes de Hirabai...

"¿Cuáles tiempos?" preguntó curiosa, apoyando la barbilla sobre la mano.

"¡Los tiempos de la mansión de Námlagar! ¡Lo que era y lo que es!"

Hiraman conocía bien el arte de especiar la conversación. Hirabai preguntó: "¿Viste tú esos tiempos?"

"No los vi, pero he oído hablar sobre ellos. La historia de cómo terminó ese reino es asombrosa. Dicen que un dios nació en la familia. Y sea lo que sea, un dios al fin y al cabo es un dios, ¿no? Y aunque abandone el cielo para nacer en el mundo de los mortales, sigue conservando toda su gloria. Tenía un gran resplandor alrededor de la frente, como una flor de girasol, pero por falta de atención nadie lo advirtió. Un día llegó el virrey sáhab10 con su mujer en avión. El virrey no se dio cuenta, pero su mujer sí. Al ver el halo de luz alrededor de la cara del niño, dijo: "Oye, rajá sáhab, escucha, este niño no es un hijo de hombre, es un dios."

Hiraman imitaba con mucha gracia el acento inglés en la pronunciación de la virreina. Hirabai se rió con muchas ganas. ...Cuando se ríe, todo su cuerpo se sacude alegremente. Hirabai se echó por encima el chal que se le había caído. Entonces Hiraman sintió... sintió que...

"¿Y entonces? ¿Qué pasó entonces, amigo?"

"¡Iss! ¿Le gusta mucho oír historias, no? ...Un hombre de piel oscura, aunque llegue a ser rajá o maharajá, pues sigue siendo un hombre negro. ¿De dónde va a sacar la inteligencia de un sáhab? Todos se rieron mucho. Entonces la reina tuvo un sueño provocado por el dios. "Si no puedes servirme, está bien, no me quedaré en tu casa". Después el dios empezó su juego. Primero murieron los dos elefantes, luego un caballo y luego patapang..."

"¿Qué es un patapang?"

Hiraman se transformaba por momentos. Le daba la impresión de que su mente se estaba llenando de una luz multicolor. ...Una diosa está sentada en su carro. ¡Y al fin y al cabo un dios es un dios!

"¡Patapang! Toda la riqueza, el ganado... ¡todo desapareció! El dios se volvió al cielo."

Hirabai miró las torres del templo que desaparecían en la distancia y suspiró.

"Cuando el dios se iba, dijo: ‘en esta estirpe nunca habrá más de un hijo. Me llevo la riqueza conmigo, os dejo la virtud’. Todos los dioses y diosas se fueron con él, sólo se quedó Sarásvati11, la diosa de la sabiduría. Ese es su templo."

Viendo venir a unos comerciantes con caballos cargados de yute, Hiraman echó la cortina de nuevo. Arreó a los bueyes y empezó a cantar una canción de alabanza:

"Oh madre Sarásvati, a ti te rogamos

Protégenos, madre, sé nuestro amparo"

"¿A qué precio compran ustedes el yute?" preguntó Hiraman alegremente a los comerciantes.

Un hombre que iba montado sobre un caballo renco respondió ambiguamente : "Diecisiete o dieciocho como poco, veinte como mucho. Según sea el material."

Un comerciante joven preguntó: "¿Qué tal está la feria, hermano? ¿Qué compañía de nautanki hay, la Compañía Rauta o la de Mathuramohan?"

"Sólo los de la feria saben cómo está la feria". Hiraman mencionó de nuevo el nombre de Chatapur-Pachirá.

El sol estaba ahora alto. Hiraman empezó a hablar a los bueyes: "¡Sólo tres kilómetros más! ¡Un poco más de esfuerzo y seguid adelante! Ya es hora de beber, ¿no? ¿Os acordáis de aquella vez cerca de Tegachiá, cuando el payaso del circo y el artista del mono empezaron a pelearse? El payaso rechinaba los dientes y gritaba exactamente igual que un mono... ¡A saber de dónde viene esa gente!"

Hiraman miró de nuevo a través del agujero de la cortina. Hirabai estaba sentada con los ojos clavados en un trozo de papel. Hoy Hiraman se siente de buen humor. Le vienen a la cabeza toda clase de canciones. Hace veinte o veinticinco años, los artistas de bidesia, balwahi y chokra cantaban todo tipo de hermosas canciones, como gazals y khemtas12. Pero hoy en día ¡vaya unas canciones que se oyen por los altavoces! ¡Qué tiempos estos! Hiraman recordó una vieja canción de aquellos tiempos:

"Mi amado se ha vuelto mi enemigo, mi amado

Si mi destino fuera una carta, todos podrían leerlo

Ay mi suerte, ay mi destino..."

Mientras cantaba, Hiraman marcaba el ritmo con los dedos en una de las varas del carro. La cara del niño que cantaba esta canción era igual que la de Hirabai. ...¿A dónde se fueron aquellos tiempos? Todos los meses venían bailarines al pueblo. Cuántas reprimendas de su cuñada tuvo que oír Hiraman por ir a ver las funciones de baile chokra. Su hermano incluso le dijo una vez que se fuera de casa.

Parecía que hoy la madre Sarásvati le estaba otorgando su gracia a Hiraman. Dijo Hirabai: "¡Bravo! ¡Qué bien cantas!"

Hiraman enrojeció. Agachando la cabeza, empezó a reírse. Hoy Hiraman tiene también la gracia del dios Hanumán13 del templo de Tegachiá. Abajo del pueblo siempre suele haber una gran multitud de carros y carreteros, pero hoy no hay nadie. Solamente hay un ciclista sentado, descansando. Invocando el nombre de Hanumán, Hiraman se bajó del carro. Hirabai levantó la cortina. Por primera vez, Hiraman habla a Hirabai mirándola directamente a los ojos. El ciclista se les queda observando fijamente.

Sujetó el carro sobre el soporte antes de soltar a los bueyes. Luego se volvió hacia el ciclista y le preguntó: "¿A dónde vas? ¿A la feria? ¿De dónde vienes? ¿De Bisanpur? ¿Desde tan cerca y ya estás hecho polvo? ¡Vaya una juventud!"

El ciclista, un joven muy delgado, murmuró algo y después de encender un bidi se levantó.

Hiraman quiere guardar a Hirabai de las miradas del mundo entero.

Miró a los cuatro costados: no había ningún carro ni caballo a la vista.

Al llegar a Tegachiá, la débil corriente del río Kájari tuerce hacia el este. Hirabai se quedó mirando a los búfalos recostados dentro del río con garzas sobre sus lomos.

Hiraman dijo: "¡Vaya, vaya a la orilla a lavarse!"

Hirabai se bajó del carro. El corazón de Hiraman empezó a latir con fuerza. ...¡No, no! ¡Tiene los pies derechos, no torcidos como las brujas! ¿Pero por qué tiene las plantas de los pies tan rojas? Hirabai se dirigió hacia el borde del río, andando despacio y con la cabeza agachada, modesta como una joven de pueblo. ¡Quién diría que es una bailarina! ...Una mujer no, una muchacha. Quizás incluso no esté casada, quizás incluso sea virgen.

Hiraman se sentó sobre la vara del carro, y echó un vistazo al interior. Miró aquí y allá, y apoyó la mano sobre el cojín de Hirabai. Luego apoyó el codo y se reclinó. Una dulce fragancia llenó todo su cuerpo. Acarició con los dedos las flores bordadas en el forro del cojín y se los llevó a la nariz. ¡Ay, Dios mío! ¡Qué perfume! Hiraman se levantó sintiendo como si se hubiera fumado cinco chíloms14 de ganja15 seguidos. Se miró la cara en el espejito de Hirabai. ¿Por qué tiene los ojos tan enrojecidos?

Cuando volvió Hirabai, Hiraman le dijo riendo: "Ahora vigile usted el carro, yo vengo enseguida."

Sacó una camiseta de su bolsa de viaje. Sacudió su gamcha, se la puso sobre los hombros, cogió un cubo y se fue. Uno tras otro, los bueyes le llamaron: "Muuu, muuu". Hiraman se volvió: "Sí, sí, todos tenemos sed. En cuanto vuelva os daré hierba, ahora portáos bien."

Los bueyes sacudieron las orejas.

Hirabai no se dio cuenta de cuándo volvió Hiraman. Mirando la corriente del río Kájari, el sueño interrumpido la noche anterior se adueñó de ella. Hiraman había traído para desayunar yogur, azúcar y copos de arroz del pueblo de al lado.

"¡Levántese, despiértese! ¡Aquí tiene algo para desayunar!". Hirabai abrió los ojos y se quedó sorprendida. Hiraman traía en una mano platos de hoja de platanero y un cacharro de barro con yogur, y en la otra un cubo lleno de agua. Sus ojos irradiaban cordialidad.

"¿De dónde has traído tantas cosas?"

"El yogur de este pueblo es muy famoso. Esperaremos a llegar a Farbisganj para tomar té".

Hiraman ya no siente el hormigueo en el cuerpo. Hirabai le dice: "Ponte para ti también un plato. ¿Qué? Si tú no vas a comer, recógelo todo y mételo en la bolsa. Yo tampoco comeré."

"¡Iss!" exclamó Hiraman con embarazo. "¡Está bien! Coma usted primero."

"¿Qué es eso de primero o después? Siéntate tú también."

Hiraman se sintió emocionado. Hirabai con sus propias manos extendió un plato para él, lo roció con agua y le sirvió copos de arroz. ¡Iss! ¡Bienaventurada sea! Hiraman vio a la Diosa en persona comiendo delante de él. ¡Un toque de yogur sobre sus labios rojos! ...¿Habéis visto alguna vez a un loro de la montaña comer leche con arroz?

* * *

El sol declinó.

Hirabai, durmiendo dentro del carro, y Hiraman, que dormía sobre una alfombrilla en el suelo, se despertaron al mismo tiempo. Varias carretas que se dirigían a la feria se habían parado en Tegachiá, y muchos niños estaban alborotando.

Hiraman se levantó precipitadamente. Se asomó dentro del carro e indicó por señas que era ya muy tarde. Mientras uncía los bueyes no respondió nada a las preguntas de los otros carreteros. Una vez que se hubo subido al carro, dijo: "Es la doctora del hospital de Sirpur. Va a visitar a una enferma, aquí al lado en Kurmagam."

Hirabai no recordaba el nombre exacto de Chatapur-Pachirá. Cuando el carro se alejó un poco, preguntó riendo: "¿No vamos a Patapur-Chapirá?"

Hiraman se rió hasta dolerle el estómago. "¡Patapur-Chapirá! ¡Ja, ja! ¡Esos carreteros son precisamente del pueblo Chatapur-Pachirá, cómo voy a decirles eso! ¡Ji, ji, ji!"

Sonriendo, Hirabai se quedó mirando hacia la aldea. La carretera pasa por el centro del pueblo. Los niños, al ver el carro con la cortina echada, empezaron a dar palmadas repitiendo unas estrofas aprendidas de memoria:

"En un palanquín rojo, muy rojo

Va sentada la novia, sonrojada

Masticando hojas de betel16..."

Hiraman sonríe... una novia... un palanquín rojo... La novia mastica hojas de betel, y se limpia la boca con el turbante del novio. Eh, recién casada, acuérdate de los niños de Tegachiá. Tráeles dulces cuando vuelvas por aquí. ¡Que tu marido viva cien años! ...Un viejo deseo de Hiraman se ha cumplido por fin. ¡Cuántas veces ha visto en sueños esta escena! ...Está volviendo con su novia. Los niños de los pueblos por donde pasa dan palmadas y cantan canciones. De todos los patios se asoman a mirar las mujeres. Los hombres preguntan: "¿De qué pueblo eres, adónde vas?". Su novia aparta un poco la cortina para mirar... Y cuántos otros sueños...

Al salir del pueblo, mira de reojo al interior del carro. Hirabai está absorta pensando algo. Hiraman también se ha quedado meditabundo. Al cabo de un rato empieza a canturrear:

"Hermano, di la verdad, todos tienen que llegar a Dios

Ni montado en elefante, ni a caballo, ni en un carro

Ese viaje hay que hacerlo a pie, oh hermano..."

Hirabai preguntó: "¿Qué, hermano? ¿No sabes ninguna canción en tu dialecto?"

Hiraman habla ahora ya mirando sin reserva a los ojos de Hirabai. ¿Puede una bailarina ser así? La dueña del circo era una gran señora. ¿Pero Hirabai? ¡Quiere escuchar una canción en un dialecto de pueblo! Sonrió abiertamente: "¿Entenderá usted el dialecto de mi pueblo?"

"¡Sí, sí!" Hirabai sacudió la cabeza. En sus orejas los pendientes se balancearon.

Durante un tiempo, Hiraman siguió conduciendo a los bueyes en silencio. Luego dijo: "¿De verdad que quiere usted que cante una canción? ¿Insiste?... ¡Iss! ¡Qué interés tiene usted por oír una canción de pueblo! Tendremos entonces que salirnos de la carretera. En un camino con tanta gente no se puede cantar". Tiró de las riendas del buey izquierdo y sacó al derecho de la pista. "No iremos entonces por Haripur."

Viendo a Hiraman salirse del camino, el carretero que iba detrás le gritó: "¿Qué haces? ¿A dónde vas fuera del camino?"

Hiraman le contestó, haciendo restallar el látigo en el aire: "¿Cómo que fuera del camino? Esa carretera no va a Nánanpur". Y murmuró para sí: "La gente de este país tiene la mala costumbre de meterse siempre en lo que no le importa, haciendo miles de preguntas. Si tienes que irte, pues vete... ¡Tontos de pueblo todos!"

Al llegar a la carretera de Nánanpur Hiraman dejó sueltas las riendas. Los bueyes pasaron del trote al paso.

Hirabai observó que la carretera de Nánanpur estaba realmente desierta. Hiraman comprendió el lenguaje de sus ojos: "No se preocupe. Este camino también va a Farbisganj, y la gente que hay en el camino es muy amigable.Llegaremos un poco después del anochecer."

Hirabai no tiene prisa por llegar a Farbisganj. A estas alturas tiene ya tanta confianza en Hiraman que no siente ningún temor. Hiraman sonrió con todas sus ganas. ¿Qué canción cantará? A Hirabai le gustan las canciones y las historias... ¡Iss! ¿Mahuá la chica del río? Dijo: "Bueno, como tiene usted tanto interés, escuche la canción de Mahuá la chica del río. Es al mismo tiempo una canción y una historia."

...Después de cuánto tiempo la Diosa le ha satisfecho también este deseo. ¡Bendita sea la Diosa! Hoy Hiraman ha vaciado su corazón. Se quedó contemplando la sonrisa de Hirabai.

"¡Escuche! Hoy todavía hay varios antiguos ghats17 en el río Parmar relacionados con Mahuá la chica del río. Mahuá era de esta misma región. Era una chica del río, pero era virtuosa como pocas mujeres. Su padre era un borracho y se pasaba todo el día y la noche medio inconsciente. ¡Y su madrastra era realmente una bruja! Echaba el mal de ojo, y por las noches se reunía con los que vendían clandestinamente ganja, alcohol y opio y gente así, y tenía con ellos una fuerte amistad. Mahuá era una chica joven, pero a fuerza de hacerla trabajar, la bruja la tenía reducida a los huesos. Se hizo mayor, pero nadie habló de casarla. Escuche lo que sucedió una noche..."

Después de aclararse la voz, Hiraman cantó:

"El río está desbordado por las lluvias del mes de Sawan

La noche es terrible, los rayos truenan, ¡oh madre!

Y yo, pobre niña pequeña, mi corazón palpita

¿Cómo podré ir sola al borde del río?

¿Y todo para masajear con aceite los pies de un viajero?"

Mi madrastra ha cerrado la puerta por dentro. En el cielo las nubes se ciernen y caen torrentes de lluvia. Mahuá llora desconsoladamente, recordando a su madre. Si hoy su madre viviera, en días como éste la apretaría contra su pecho. Oh, madre, ¿fue para esto, para que viera este día para lo que me tuviste en tu vientre? Mahuá se enfada con su madre: ¿por qué te moriste sola? y la maldice en su corazón.

Hiraman observa que Hirabai, con el codo hundido en el cojín, le mira fijamente mientras escucha absorta la canción. ...¡Qué inocente parece su cara, así ensimismada!

Hiraman hizo temblar su voz:

"Oh mala madre

Por qué no me diste sal

Para matarme cuando nací

Acaso fue para este día

Que me criaste con leche

Manteca y utagán..."

Hiraman respiró hondamente y preguntó: "¿Entiende usted la letra o sólo escucha la música?"

Hirabai contestó: "Lo entiendo bien. El utagán es un ungüento que se unta en el cuerpo."

Hiraman se quedó sorprendido: "¡Iss!" ...¿Pero de qué servía llorar? El comerciante ya había pagado todo el precio por ella. Cogiéndola por el pelo la arrastró hasta un barco, y ordenó al barquero que soltara las amarras e izara la vela. El barco salió volando como un pájaro. Mahuá estuvó llorando y agitándose toda la noche. Los criados del comerciante la amenazaron intentando asustarla: "Cállate, si no te tiraremos al agua". Esto le dio una idea a Mahuá. La estrella del alba apareció un instante detrás de las nubes, luego se escondió de nuevo. Mahuá de repente se tiró al agua. ...Un criado del comerciante se había enamorado de Mahuá en cuanto la vio. Saltó él también enseguida detrás de ella. Nadar contra la corriente no es ningún juego, especialmente en un río crecido, pero Mahuá era una auténtica chica de río. ¿Acaso se puede cansar un pez en el agua? Se deslizó cortando el agua como un pez migrador. Y tras ella, el criado del comerciante la llama: "¡Mahuá, párate! No quiero cogerte, soy tu amigo. Viviremos los dos juntos toda la vida". Pero...

Esta es una de las canciones favoritas de Hiraman. Cuando canta esta canción, el río parece desbordarse delante de él, es la noche de luna nueva y uno tras otro los rayos resplandecen sobre el fondo de las densas nubes negras. En ese resplandor puede vislumbrar a Mahuá luchando contra las olas. El pez empieza a nadar aún más deprisa. Le parece que él es el criado del comerciante. Mahuá no quiere escuchar nada, no hace caso de nada. Ni siquiera se vuelve a mirar. Y él está muy cansado de tanto nadar...

Pero esta vez parece que Mahuá se ha dejado coger. Se ha puesto al alcance de su mano. Él la ha tocado, ha conseguido atraparla, su cansancio se ha desvanecido. Después de quince o veinte años de nadar contra la corriente en el río crecido, su corazón por fin ha alcanzado la orilla. ...Quién puede parar las lágrimas de felicidad...

Intentó ocultar de Hirabai sus ojos húmedos. Pero Hira hace ya tiempo que se ha metido en su corazón y puede verlo todo. Hiraman, controlando su voz temblorosa, reprendió a los bueyes: "No sé qué tiene esta canción, que en cuanto la oyen frenan el paso. Parece como si les hubieran añadido una tonelada más de peso."

Hirabai da un profundo suspiro. Hiraman siente un fuerte estremecimiento en todo el cuerpo.

"¡Eres un ustad18, amigo mío!"

"¡Iss!"

El sol de otoño se debilita al final de su recorrido. Antes de que se ponga hay que llegar a Nánanpur, les explica Hiraman a sus bueyes: "¡Venga, más rápido, con valentía! ¡Vamos, hermanos! ¡Le le le jey!"

Siguió jaleando a los bueyes hasta Nánanpur. Antes de cada aliento, les recordaba aventuras pasadas: "No os acordáis cuantos carros había cuando la boda de la hija del Cháudhari, y ¡cómo los ganásteis a todos! De esa manera tenéis que trotar. ¡Le le le! ¡De Nánanpur a Farbisganj sólo hay diez kilómetros! ¡Sólo dos horas más!"

Recientemente han empezado a vender té19 en el mercado de Nánanpur. Hiraman trajo una jarra llena. Él ya conoce a las mujeres de compañías de espectáculos, se pasan el día entero bebiendo té. ¿Es té o es vida?

Hira se retuerce de risa: "¿Quién te ha contado que los hombres solteros no deben beber té?"

Hiraman se ruborizó. ¿Qué diría? ... Pero ya lo había probado una vez. La dueña del circo se lo había ofrecido. ¡Tenía un efecto muy estimulante!

¡Beba, gúruji20!", se rió Hira.

"¡Iss!"

Había unas lámparas encendidas en el mercado de Nánanpur. Hiraman encendió un farol y lo colgó en la parte de atrás del carro. ...Hoy en día incluso los aldeanos que viven a diez kilómetros de una gran población se consideran habitantes de ciudad. Cogen un carro sin luz y le ponen una multa. ¡Un montón de problemas!

"No me llame usted gúruji"

"Tú eres mi ustad. Dicen las escrituras que el que enseña una letra es un guru, y el que enseña una melodía un ustad."

"¡Iss! ¡También conoce las escrituras! ...¿Qué le he enseñado yo? ¿Yo qué...?"

Riéndose, Hira empieza a canturrear: "Hee aaa el río está desbordadooo".

Hiraman se queda mudo de la sorpresa. ¡Iss! ¡Qué inteligencia! ¡Es exactamente como Mahuá la chica del río!

Con gran estruendo, el carro empezó a bajar la cuesta del lecho seco del río Sitadhar. Hirabai puso una mano sobre el hombro de Hiraman. Sus dedos permanecieron ahí quietos durante un buen rato. Hiraman intentó varias veces volver la vista y fijarla sobre su hombro. Cuando el carro empezó a subir, los dedos suaves de Hira se apretaron de nuevo.

Enfrente brillan las luces de Farbisganj. Y a poca distancia, las luces de la feria... Al lado, la sombra de la luz de la lámpara baila sobre el toldo. ...A través de unos ojos húmedos de lágrimas, todas las luces se ven como flores de girasol.

* * *

Para Hiraman, Farbisganj era como su casa.

Quién sabe cuántas veces ha venido a Farbisganj, llevando cargas para la feria. ¿Acompañado por una mujer? Sí, una vez. Cuando su cuñada fue a vivir a casa de su hermano. Entonces también convirtieron el carro en una habitación colocando una lona alrededor.

Hiraman está colocando la lona sobre el carro en la zona donde acampan los carreteros. A la mañana siguiente Hirabai irá a hablar con el director de la Compañía de Nautanki Rauta y se incorporará al grupo. Pasado mañana empezará la feria. Esta vez ha venido una gran multitud. ...Sólo una noche más. Hoy estará durante toda la noche en el carro de Hiraman. ...En el carro de Hiraman, no, ¡en su casa!

"¿De dónde es este carro? ...¿Quién, Hiraman? ¿De qué feria vienes? ¿Qué carga llevas?"

Los carreteros de cada pueblo se buscan unos a otros y aparcan los carros juntos para formar un campamento. Hiraman se quedó un poco receloso al ver a un grupo de carreteros de su pueblo formado por Lalmóhar, Dhunniram, Palatdás y algunos otros. Palatdás echó un vistazo dentro de la lona y se quedó como si hubiera visto un tigre. Hiraman les hizo signo de callarse. Mirando de lado hacia la carreta, susurró: "¡Callad! Es una bailarina, de la compañía de nautanki."

"¡De la compañíaa!"

"??...!!"

¡Ahora no había un Hiraman, había cuatro! Se miraron unos a otros, estupefactos. ¡Qué gran efecto producía la palabra ‘compañía’! Hiraman se dio cuenta de que los otros tres se habían quedado callados. Lalmóhar se apartó un poco e hizo signo de que quería decir algo. Hiraman se volvió hacia el carro y dijo: "¡Ahora no habrá ningún restaurante abierto, traeré algo de una tienda de dulces!"

"Hiraman, escucha. Yo ahora no quiero comer nada. Toma, come tú algo."

"¿Qué es esto, dinero? ¡Iss!". Hiraman nunca había tenido que pagar dinero para comer en Farbisganj. ¿Para qué estaban todos estos carreteros de su pueblo entonces? No tocó el dinero. Le dijo a Hirabai: "No discuta en la feria, guárdese el dinero". Aprovechando la oportunidad, Lalmóhar se acercó al carro. Saludó a Hirabai y dijo: "Donde comen cuatro pueden comer fácilmente dos personas más. Están ahora cocinando arroz en el campamento. Somos todos del mismo pueblo. ¿Cómo va Hiraman a comer en un restaurante estando aquí los de su pueblo?"

Hiraman golpeó suavemente la mano de Lalmóhar: "Anda, no digas tantas tonterías."

Al alejarse un poco del carro, Dhunniram manifestó los pensamientos que se agitaban en su cabeza: "¡Qué grande eres, Hiraman! ¡El año pasado el tigre de la compañía, y ahora una bailarina de la compañía!"

Hiraman contestó en voz baja: "Escucha, hermano, ésta no es como las mujeres de nuestro pueblo, que se quede callada después de oír cosas de mala educación. Para empezar, es de la región del oeste, y encima es de la compañía."

Dhunniram expresó sus dudas: "Pero dicen que las mujeres de las compañías son prostitutas."

"¡Qué dices!", empezaron todos a reprenderle al mismo tiempo. "¿Qué clase de hombre eres? ¡Las mujeres de las compañías, prostitutas! ¡Qué tonto eres! ...¿Por qué lo sabes, porque lo has oído?"

Dhunniram reconoció su falta. Palatdás se preocupó: "Hermano Hiraman, ¿cómo se va a quedar una mujer sola en el carro? Sea lo que sea, una mujer es una mujer. Puede necesitar algo."

Todos se mostraron de acuerdo. Dijo Hiraman: "Tienes razón. Pálat, ve allí y quédate cerca del carro. Y ten cuidado con lo que le dices, ¿oyes?"

...El cuerpo de Hiraman exhala un perfume de rosas. Aquella vez, el olor a tigre no le abandonó durante meses. Lalmóhar se llevó a la nariz la gamcha de Hiraman: "¡Ejé!"

Hiraman paró de andar: "¿Qué haré, hermano Lalmóhar? Me insiste mucho en que vaya a ver la función de nautanki."

"¿Gratis?"

"¿Y esto no se sabrá en el pueblo?"

"¿Por qué aguantar críticas toda la vida por ver una noche una función de nautanki? ¡Una gallina de pueblo con pavoneos de ciudad!"

Dhunniram preguntó: "¿Tu cuñada pondrá objecciones aunque lo veas gratis?"

Al lado del campamento de Lalmóhar estaba el campamento de los que transportaban leña. Su jefe, el viejo Miaján, preguntó mientras fumaba en su pipa de agua: "Dime, hermano, ¿quién ha traído una carga de Mina Bazar?"

¡Mina Bazar! Así llaman a la zona de prostitución. ...¿Qué es lo que dice este viejo Miá? Lalmóhar le susurró a Hiraman en el oído: "Tu cuerpo huele a perfume. ¡Es cierto!"

Lahsanwá era el ayudante de Lalmóhar y el más joven de todos ellos. ¿Y qué si era la primera vez que venía a la feria? Desde pequeño ha trabajado de criado en casas importantes. Una y otra vez husmea el aire arrugando la nariz. Hiraman se dio cuenta de que su cara se estaba poniendo roja. ¿Quién venía ahora corriendo hacia ellos? "¿Quién es? ¿Palatdás? ¿Qué pasa?"

Palatdás se quedó callado delante de ellos. Su cara también estaba roja. Hiraman le preguntó: "¿Qué ha pasado? ¿Por qué no hablas?"

¿Qué podía decir Palatdás? Hiraman le había advertido que tuviera cuidado con lo que le decía a Hirabai. Había ido en silencio hasta el carro y se había sentado en el asiento de Hiraman. Hirabai le preguntó: "¿Tú también eres amigo de Hiraman?". Palatdás volvió la cabeza y asintió. Hirabai se tumbó de nuevo. ...Al ver la expresión de su cara y oír el timbre de su voz, el corazón de Palatdás había empezado a agitarse inexplicablemente. ¡Sí, en la Ramlila21 había visto a la princesa Sita tumbarse exhausta exactamente de la misma manera! ¡Bendito sea Rama, el esposo de Sita! ...El corazón de Palatdás se llenó de devoción. Él era un vaishnava22 y le gustaba cantar canciones devocionales. Manifestó su deseo de tocar en signo de respeto los pies23 de la princesa Sita con un gesto de la mano, como si estuviera tocando el teclado de un harmonio. Hirabai se incorporó de pronto, encolerizada: "¡Eh! ¿Estás loco? ¡Vete, lárgate!"

Parecía que salían chispas de sus ojos. Palatdás salió corriendo.

¿Qué podía decir? Incluso pensó en buscar alguna excusa para irse de la feria. "Nada", dijo, "he encontrado a un comerciante, tengo que ir a la estación a por una carga. El arroz todavía no está listo. Volveré cuando esté preparado."

Mientras comían, Dhunniram y Lahsanwá pusieron verde a Palatdás. "Es un mezquino, lleva la cuenta de todos los céntimos". Después de cenar, el grupo de Lalmóhar se fue a su campamento. Dhunni y Lahsanwá uncieron los bueyes a su carro y fueron hasta donde estaba Hiraman, siguiendo las huellas. Hiraman paró de andar y le dijo a Lalmóhar: "Mira, huéleme un poco el hombro. ¿Qué hueles?" Lalmóhar cerró los ojos mientras olfateaba el hombro. "¡E-eh!"

Hiraman le dijo: "¡Todo este perfume por el toque de su mano! ¿Comprendes?"

Lalmóhar cogió la mano de Hiraman: "¿Te puso la mano sobre el hombro? ¿De verdad? Escucha, Hiraman, nunca vas a tener una oportunidad como ésta para ver una función de nautanki."

"¿Vendrás tú también?"

Todos los dientes de Lalmóhar brillaron bajo la luz del cruce.

Al volver al campamento, Hiraman observó que alguien estaba al lado del carro hablando con Hirabai. Dhunni y Lahsanwá dijeron al tiempo: "¿Dónde estabas? La compañía te está buscando desde hace un buen rato."

Hiraman se acercó al carro — anda, éste es el sirviente que llevaba el baúl, que vino con Hirabai en la feria de Champanagar y desapareció en la noche.

"¡Por fin has llegado, Hiraman! Muy bien, ven aquí. ...Toma, esto es el precio del viaje y esto tu propina. Veinticinco y veinticinco, cincuenta."

A Hiraman le dio la impresión de que alguien le había dado un empujón, arrojándole a la tierra desde el cielo. Alguien no, ese hombre del baúl. ¿De dónde ha salido? Las palabras que llegaron a su lengua murieron allí. ...¡Iss!¡Una propina! Se quedó quieto en silencio.

"¡Toma, cógelo!", añadió Hirabai. "Y escucha, mañana por la mañana ven a verme a la Compañía Rauta. Te daré un pase para el espectáculo. ...¿Por qué no dices nada?"

Lalmóhar dijo: "La señorita te está dando una propina. ¡Cójela, Hiraman!"

Hiraman miró a Lalmóhar, ofendido. ...Este Lalmóhar no tenía ninguna delicadeza.

Todos, incluida Hirabai, pudieron oír las palabras que Dhunniram dijo para sí mismo: "¿Cómo puede un carretero abandonar su carro y sus bueyes para ir a ver una función de nautanki?"

Hiraman cogió el dinero y murmuró: "¿Qué puedo decir?". Intentó reírse. ...La chica de la compañía vuelve a la compañía. ¿Qué le importaba a él? El criado avanzó mostrando el camino: "Por aquí". Hirabai se paró y se dirigió a los bueyes: "¡Bueno, hermanos, me voy!"

Los bueyes sacudieron las orejas al oír la palabra "hermanos".

* * *

"¡Her-ma-nos! ¡Hoy por la noche! ¡Sobre el escenario, la Compañía de Nautanki Rauta! ¡Vengan a ver "Gulbadan"! Se alegrarán ustedes de saber que la famosa actriz Miss Hiradevi de la Compañía Mathuramohan, cuyas actuaciones enloquecen a miles de personas, ha venido a nuestra compañía. Recuerden, hoy por la noche. ¡La bella Miss Hiradevi!..."

Esta proclama de la compañía de nautanki esparció una ola de excitación por toda la feria. ...¿Hirabai? ¿Miss Hiradevi? ¿Laila, Gulbadan? ¡Ha superado a las actrices de cine!

...Tus encantadores gestos

Me hicieron enloquecer

Cómo describiré, amor mío,

Mi anhelo por ti

Sólo deseo que fijes tu vista en mí

Y yo, mi vida, la fijaré en ti

...¡Kirrr...karrr! sonó el tambor ¡dham dham dharam!

Los corazones de todos se transformaron en tambores.

Lalmóhar llegó resoplando al campamento. "Eh, eh, Hiraman, qué haces aquí sentado. Ven a ver el espectáculo. Están cantando las alabanzas de Hirabai y repartiendo carteles."

Hiraman se levantó precipitadamente. Lahsanwá dijo:"Tío Dhun-ni, quédate tú en el campamento, yo también voy a echar un vistazo".

Nadie esperó a escuchar la respuesta de Dhunni. Los tres siguieron a la banda que anunciaba a la compañía de nautanki. El grupo se detenía en cada cruce, se paraba la música y se anunciaba el pregón. Hiraman se estremecía con cada palabra. Al oír el nombre de Hirabai y la descripción de sus encantos, golpeó la espalda de Lalmóhar: "¿No es maravilloso?"

"¡Ahora cuéntame!", dijo Lalmóhar, "¿no vas a ir a ver el espectáculo de nautanki?". Desde por la mañana, Dhunniram y Lalmóhar habían estado intentando convencerlo sin éxito: "Ve a visitarla a la compañía. Te invitó cuando se iba". Pero Hiraman sólo respondía una cosa: "¿Para qué ir a verla? La chica de la compañía se fue con la compañía. ¿Qué tengo yo ahora que ver con ella? ¡Ni siquiera me reconocerá!"

Se había sentido disgustado, pero después de oír el pregón le dijo a Lalmóhar: "Desde luego que tenemos que ir a verlo, ¿eh, Lalmóhar?"

Después de comentar el tema entre ellos se dirigieron hacia la Compañía Rauta. Al acercarse a la carpa, Hiraman le hizo signo a Lalmóhar de que debería hacerse cargo de las preguntas. Lalmóhar habla muy bien la lengua de la ciudad. Este se dirigió a un hombre con un abrigo negro: "¡Babu24 sáhab, escúcheme un momento!"

El hombre del abrigo negro frunció el ceño: "¿Qué pasa? ¿Qué hacéis aquí?"

Al ver la expresión en la cara del hombre, el habla de la ciudad de Lalmóhar se desbarató: "Gulgul... no, no es eso... bulbul... no..."

Hiraman se hizo inmediatamente cargo de la situación: "¿Puede decirnos dónde vive Hiradevi?"

Los ojos del hombre se pusieron rojos de repente. Llamó al guarda nepalí que estaba enfrente y le dijo: "¿Por qué has dejado entrar aquí a esta gente?"

"¡Hiraman!" ...De nuevo esa voz cristalina... ¿de dónde ha salido? Apartando la cortina de la tienda, Hirabai le llamó: "¡Ven, aquí adentro! ...¡Mira, Bahadur! Fíjate en este hombre. Este es mi Hiraman. ¿Has comprendido?"

El guarda nepalí miró a Hiraman y sonrió. Luego fue a donde estaba el hombre del abrigo negro y le dijo: "Es un hombre de Hirabai. Ha dicho que no le paremos."

Lalmóhar ofreció betel al guarda nepalí: "Tome, tome un poco."

* * *

"¡Iss! ¡No sólo un pase, sino cinco! ¡Y todos de media rupia! Ha dicho que mientras esté en la feria, tengo que ir todas las noches a verla. Y ha pensado en todos. Dijo: ‘Estás con otros amigos. Toma pases para todos’. ¡Estas bailarinas de la compañía son realmente maravillosas! ¿No es así?"

Lalmóhar tocó los papeles rojos y dijo: "¡Pases! ¡Qué bueno, Hiraman! ...¿Pero qué haremos con cinco pases? Palatdás todavía no ha vuelto."

Hiraman contestó: "Olvídate de ese pobre infeliz. No está escrito en su suerte. ...Ah, pero primero tenemos todos que jurar por Dios que ni una palabra de esto llegará al pueblo."

Lalmóhar replicó, muy excitado: "¿Qué desgraciado va a decir nada en el pueblo? Si a Palatdás se le ocurre decir algo, no le traeré la próxima vez."

Hiraman había entregado hoy su bolsa del dinero a Hirabai para que se la guardara. ¡Quién sabe lo que puede pasar en estas ferias! Todos los años vienen todo tipo de carteristas, y uno apenas se puede fiar hasta de sus propios amigos. Hirabai aceptó la bolsa, y la guardó en un cofre de cuero. ¡El cofre estaba recubierto con tela, y por dentro tenía un forro de seda brillante! Ahora Hiraman se había quedado tranquilo.

Lalmóhar y Dhunniram alabaron a Hiraman y elogiaron su suerte, y censuraron a su hermano y su cuñada. Porque tenían una joya de hermano como Hiraman, que si fuese cualquier otro...

Lahsanwá tenía una cara de perros. A saber adónde se fue después de oír el pregón, pues no volvió hasta un buen rato después del atardecer. Lalmóhar le dio un empujón y le dijo asumiendo tonos de jefe: "¡Especie de inútil!"

Dhunniram observó mientras ponía la olla en el fuego: "Primero hay que decidir quién se va a quedar con los carros."

"¿Quién se va a quedar? Lahsanwá no va a ir a ninguna parte."

Lahsanwá se echó a llorar: "Jefe, por favor se lo pido. ¡Déjeme echar un vistazo, sólo un vistazo!"

"Está bien", dijo Hiraman lleno de generosidad. "Un vistazo no, puedes verlo durante una hora. Yo vendré aquí a guardar los carros".

* * *

Dos horas antes de comenzar la función de nautanki empezaron a resonar los timbales. Y en cuanto se oyeron los timbales, la gente empezó a arremolinarse como polillas. Al ver a la multitud congregada enfrente de la taquilla, Hiraman se puso a reír: "¡Lalmóhar, mira cómo se empujan todos!"

"¡Hermano Hiraman!"

"¿Quién es? ¡Palatdás! ¿Adónde llevas esa carga?", preguntó Lalmóhar como si fuera un hombre de otro pueblo.

Palatdás juntó las manos y pidió perdón: "Perdonadme, aceptaré cualquier castigo que digáis. Pero la verdad es que la princesa Sita..."

Un loto había florecido en el corazón de Hiraman con el retumbar de los tambores. "Escucha, Pálat", le dijo, "no pienses que es como una mujer de pueblo. Mira, me ha dado un pase para ti también. Coge tu pase y ven a ver el espectáculo."

"Pero hay una condición", explicó Lalmóhar. "De vez en cuando tienes que dejar a Lahsanwá..."

No hacía falta contarle nada a Palatdás. Acababa de hablar con Lahsanwá.

Lalmóhar expuso la segunda condición: "Si de alguna manera se llega a saber algo de esto en el pueblo..."

"¡No, por Dios!" exclamó Palatdás, mordiéndose la lengua.

"Aquí está la entrada de los asientos de media rupia", indicó Palatdás. El portero que guardaba la entrada cogió los pases y les observó detenidamente las caras de uno en uno. "Estos son pases. ¿De dónde los habéis sacado?"

¡Había que oír ahora a Lálmohar hablar la lengua de la ciudad! El portero se puso nervioso al ver la expresión de su rostro. "¿De dónde los vamos a sacar? Vaya y pregúntele a su compañía. No sólo hay cuatro pases, mire, aún tenemos otro más", y se sacó del bolsillo el otro pase y se lo enseñó.

El guarda nepalí estaba enfrente de la puerta de las entradas de una rupia. Hiraman le llamó: "Eh, señor guarda, nos presentaron esta mañana ¿y ya se ha olvidado de mí?"

"Son hombres de Hirabai", dijo el guarda nepalí. "Déjalos pasar. Si tienen pases ¿por qué los paras?"

¡El sector de media rupia!

Los tres veían la carpa por dentro por primera vez. Delante de ellos estaba la sección de sillas y bancos. En el telón estaba pintada la escena de Rama dirigiéndose al bosque donde transcurriría su exilio. Palatdás lo reconoció inmediatamente. Juntó las manos reverentemente en saludo a Rama, Sita y Laxmana: "¡Alabado sea Dios!". Los ojos de Palatdás se llenaron de lágrimas.

Hiraman preguntó: "Lalmóhar, ¿esos dibujos están impresos o se mueven?"

Lalmóhar ya ha hecho amistad con los espectadores sentados a su lado. "La función está detrás de la cortina. Esto es un preámbulo para congregar a la gente", respondió.

Palatdás, que sabe tocar el dhólak25, mueve la cabeza al son del timbal y marca el ritmo con una caja de cerillas. Ofreciendo y aceptando bidis, Hiraman también ha entablado conversación con dos o tres personas. Un hombre que acababa de conocer Lamóhar se enrolló una manta alrededor mientras decía: "Todavía falta tiempo para que empiece el baile, mientras tanto voy a echar una cabezadita." ...La sección de media rupia es la mejor de todas. Está al fondo en lo alto, ¡y sobre el suelo paja caliente! ¡Je, je! Con este frío los que están sentados en sillas y bancos seguro que tendrán que salir afuera enseguida para beber té caliente.

El hombre de la manta le dice a su compañero: "Despiértame cuando empiece la función. No, cuando empiece la función no, cuando Hiriá suba al escenario."

Un fuego se encendió en el corazón de Hiraman. ¡Cómo puede llamarla Hiriá! Este hombre no parece muy de fiar. Le indicó con la mirada a Lalmóhar que no había necesidad de entablar amistad con ese hombre.

...¡Dham dham dham...dharam! ¡Se levantó el telón! ¡Eh, he, desde el principio Hirabai aparece en el escenario! El anfiteatro está lleno a rebosar. Hiraman se queda boquiabierto, maravillado. ¿Por qué se ríe así Lalmóhar? Con cada frase de la canción que canta Hirabai se pone a reír sin razón alguna.

Gulbadan se sienta en medio de su corte. Anuncia que al que construya un espléndido trono para ella le será concedido lo que pida. "¡Si existe algún artista así, que construya y traiga ese espléndido trono!" ¡Kirr kirr kirrí! ¡Cómo baila! ¡Qué voz! Sabes, este hombre dice que Hirabai nunca masca betel ni tabaco, ni fuma cigarrillos ni bidis. ...Tiene razón. Es una puta muy virtuosa. ...¿Quién ha dicho que es una puta? Ni siquiera se pinta la boca. Seguro que se limpia los dientes con polvos. ¡Ni hablar! ...¿Dónde está el hombre que dice esas barbaridades? ¡Llamar prostituta a una bailarina! ¿Y a ti por qué te ha molestado? ¿Acaso eres su chulo? ¡Pegad a ese imbécil! ¡Atizadle!

En medio de todo el alboroto se oyó la voz de Hiraman llenando la carpa: "¡Venid, os voy a partir la cara a todos!"

Lalmóhar da latigazos sin parar a la gente de enfrente. Palatdás está sentado sobre el pecho de un hombre: "¡Desgraciao, cómo te atreves a insultar a la princesa Sita! ¡Y encima eres musulmán!"

Dhunniram está callado desde el principio. Al empezar la pelea se salió fuera de la carpa.

El director de la compañía llegó corriendo con el guarda nepalí. Un oficial de la policía empezó a repartir porrazos a diestro y siniestro. Tras recibir un buen golpe, Lalmóhar se encrespó y empezó a soltar un discurso en su elegante habla de la ciudad: "Señor inspector, si quiere pegarme, pégueme, no pasa nada. Pero mire usted este pase, y tengo otro en el bolsillo. Puede usted verlos, señor. ¡No es un tiquet, es un pase! ...Entonces, si alguien insulta a una bailarina de la compañía delante de nosotros, ¿cómo nos vamos a quedar callados?"

El director de la compañía comprendió todo el asunto. Le explicó al policía: "Señor inspector, he comprendido lo que pasa. Todo este lío lo han organizado los de la Compañía Mathuramohan. Tratan de desprestigiar a nuestra compañía organizando peleas durante el espectáculo. Deje usted ir tranquilos a estos hombres, son hombres de Hirabai. La vida de la pobre chica está en peligro. Ya lo había comentado antes con usted ¿recuerda?"

Al oír el nombre de Hirabai el policía soltó a los tres hombres, pero no sin antes quitarles los látigos. El director los llevó a la sección de una rupia y los sentó en unas butacas. "Siéntense ustedes aquí, ahora les envío betel". El ambiente se tranquilizó de nuevo y Hirabai volvió al escenario.

El timbal empezó a sonar otra vez.

Al poco tiempo, los tres se acordaron de repente de Dhunniram: "Anda, ¿dónde se ha metido Dhunniram?"

"¡Jefe, eh, jefe!" gritó Lahsanwá desde fuera de la carpa. "¡Eh, jefe Lalmóhar!"

"¡Por aquí, por aquí!", contestó gritando Lalmóhar. "Por la puerta de una rupia". Todos los espectadores se volvieron a mirar a Lalmóhar. El guarda nepalí llevó a Lahsanwá con los otros. Lalmóhar se sacó el pase del bolsillo y lo enseñó. Lahsanwá preguntó al llegar: "Jefe, ¿quién es el que estaba hablando mal de Hirabai? Dígamelo, ¡muéstreme su cara, que le eche un vistazo!"

Todos se quedaron mirando el pecho ancho y musculoso de Lahsanwá. ¡Va con el pecho descubierto en pleno invierno! Deben ser de alguna banda.

Lalmóhar tranquilizó a Lahsanwá.

...No preguntéis a esos cuatro qué es lo que vieron en el espectáculo de nautanki. ¿Cómo se van a acordar del argumento? A Hiraman le parecía que Hirabai le estaba mirando a él desde el principio, y cantaba y bailaba sólo para él. Lalmóhar pensaba que Hirabai le miraba a él ¡pues se había dado cuenta de que era más fuerte y apuesto que Hiraman! Palatdás ha comprendido el argumento. Qué historia va a ser, sino el Ramayana. ¡El mismo Rama, la misma Sita, el mismo Laxmana y el mismo Rávana! Rávana asume toda clase de formas para secuestrar a la princesa Sita. Rama y Sita también cambian de formas. Rama es el hijo del jardinero que construye el trono. Gulbadan es la princesa Sita. El amigo del hijo del jardinero es Laxmana y el sultán es Rávana. ...A Dhunniram le dio un ataque de fiebre. Y a Lahsanwá lo que más le gustó fue la parte del payaso. ...¡Oh, pajarillo, no te llevaré conmigo a Narhat Bazar! Quiere hacerse amigo del payaso. ...¿No quieres ser mi amigo, señor payaso?

Hiraman se ha aprendido media línea de una canción: "¡Oh, han matado a Gulfam!" ¿Quien era ese Gulfam? Hirabai cantaba llorando: "¡Oh, sí, han matado a Gulfam!" Tiriririrí... ¡Pobre Gulfam!

Al devolverles los látigos, el oficial de policía les preguntó: "¿Venís a ver la función con palos y látigos?"

Al día siguiente se extendió un rumor por toda la feria: Hirabai se había escapado de la Compañía Mathuramohan para venir aquí, por eso esa compañía no había venido esta vez. ...Habían venido sus matones... Pero Hirabai estaba a su altura. Es una mujer muy valiente. Se había traído una docena de hombres del campo armados con palos para defenderla. ¡Que se atreva alguien a decirla: "Oh, amor mío"!

* * *

¡Diez días... noche y día!

Durante el día, Hiraman transporta cargas. Al atardecer empieza a sonar el tambor. Y en cuanto oye el tambor, las palabras de Hirabai empiezan a revolotear alrededor de sus oídos: hermano... amigo... Hiraman... ustad... gúruji. Durante todo el día, un instrumento u otro suena sin cesar en un rincón de su corazón. A veces es un harmonio, a veces un timbal, a veces un dhólak, y a veces las ajorcas de Hirabai. Hiraman se levanta y se sienta, anda y se mueve al ritmo de esos instrumentos. Todos los de la compañía de nautanki, desde el director hasta el que tira del telón, le conocen: es un hombre de Hirabai.

Cada noche, cuando empieza el espectáculo, Palatdás junta las manos con gran devoción y saluda al escenario. Un día Lalmóhar fue a exhibir delante de Hirabai su elegante habla de la ciudad. Hirabai ni siquiera le reconoció. Desde ese momento se quedó muy disgustado. Su criado Lahsanwá le ha abandonado y se ha ido a trabajar con la compañía de nautanki. Se ha hecho amigo del payaso. Lleva cubos de agua y lava la ropa. "¿Qué hay en el pueblo para que quiera volver?", dice. Lalmóhar sigue triste, y Dhunniram se puso enfermo y se volvió al pueblo.

Desde esta mañana, Hiraman ha llevado tres cargas a la estación. Por alguna razón, hoy se acuerda de su cuñada. ...¿No habrá contado nada Dhunniram bajo los efectos de la fiebre? ¡Cuando estaba aquí no paraba de decir tonterías sobre Gulbadan y el trono! ...Lahsanwá está encantado. Seguramente verá a Hirabai todos los días. Ayer decía: "Hiraman, gracias a ti lo estoy pasando en grande. Después de lavar el sari de Hirabai, el agua del barreño huele a rosas, y meto dentro mi gamcha. ¡Mira, huele!" ...Todas las noches oye a uno a otro hombre decir que Hirabai es una puta. ¿Pero con cuántos hombres se puede pelear? ¿Cómo puede la gente decir cosas sin saber? ¡Pero incluso a un rey le insultan por la espalda! ...Hoy irá a ver a Hirabai y le dirá que la gente se mete mucho con ella por trabajar en una compañía de nautanki. ¿Por qué no se va a trabajar a un circo? Cuando baila delante de todo el mundo, el corazón de Hiraman se llena de celos. En un circo, el tigre... ¿Quién se va a atrever a acercarse? ¡Hirabai estaría segura! ...¿De dónde viene ese carro?

"¡Hiraman, eh, hermano Hiraman!". Hiraman se volvió al oír la voz de Lalmóhar. ...¿Qué carga trae Lalmóhar?

"Hirabai te está buscando, está en la estación. Se va a ir", dijo sin respirar. Él mismo la había llevado a la estación.

"¿Se va? ¿A dónde? ¿Hirabai se va en tren?"

Hiraman desató a los bueyes del carro. Habló con el guarda del almacén: "Hermano, vigila un rato el carro y los bueyes. Vuelvo enseguida."

Ustad!" Hirabai está de pie cerca de la puerta de la sala de espera de mujeres, con la cabeza y los brazos cubiertos por un chal. Le entregó la bolsa del dinero. "¡Toma! ¡Oh, Dios mío! Menos mal que nos hemos encontrado. Ya había perdido la esperanza, creía que no te volvería a ver. ...¡Me voy, gúruji!"

El criado del baúl va hoy con chaqueta y pantalones y parece un gran señor. Da órdenes a los porteadores como si fuera alguien importante: "Llévalo al compartimento de mujeres. ¿Has comprendido?"

Hiraman, con la bolsa del dinero en la mano, se queda ahí de pie callado. Hirabai se había sacado la bolsa de debajo de la blusa para dársela. ...La bolsa está caliente como el cuerpo de un pajarillo.

"Aquí viene el tren". El hombre del baúl hizo una mueca al mirar a Hirabai. La expresión de su cara está muy clara: "¿Por qué tanta historia?"

Hirabai se ha puesto inquieta. "Ven adentro, Hiraman. Me voy de nuevo con la Compañía Mathuramohan. Es una compañía de mi región. ...¿Vendrás a la feria de Banaili, no?"

Hirabai puso la mano sobre el hombro de Hiraman...esta vez sobre el hombro derecho. Después sacó dinero de su monedero y le dijo: "Toma, cómprate un chal que abrigue bien..."

Hiraman rompió por fin su silencio: "¡Iss! ¡Siempre dinero! ¡Guárdeselo! ...¿Para qué quiero un chal?"

La mano de Hirabai se paró en el aire. Miró con atención la cara de Hiraman. Luego dijo: "Se te ha quedado el corazón muy encogido. ¿Por qué, mi amigo? ...¡Mahuá la chica del río ha sido comprada por el comerciante, gúruji!"

La voz de Hirabai se ahogó por la emoción. El hombre del baúl llamó desde fuera: "Ha llegado el tren". Hiraman salió de la sala de espera. "Vete del andén", dijo el hombre del baúl, poniendo una cara como el payaso del nautanki. "Si te cogen sin billete, tres meses a la sombra..."

Hiraman se quedó de pie en silencio fuera de la puerta. ...En la estación, la compañía de ferrocarriles manda. Si no, le hubiera partido la cara a ese hombre del baúl.

Hirabai subió al vagón situado justo enfrente. ¡Iss! ¡Qué devoción! Incluso después de sentarse se queda mirando fijamente a Hiraman. ...Al ver a Lalmóhar ahí cerca sintió una gran irritación. Siempre detrás, siempre se considera un socio para todo.

El tren silbó. Hiraman sintió que un sonido surgía de dentro de él y se unía con el silbido. ¡Kuuu! ¡Iss...!

¡Chiii...chak! El tren empezó a moverse. Hiraman se pisó los dedos del pie derecho con el talón del otro pie. El martilleo de su corazón se paró. ...Hirabai se seca los ojos con un pañuelo violeta. Agita el pañuelo en signo de despedida... vete ahora. ...Pasó el último vagón, el andén se quedó vacío... Todo vacío... hueco... Como si el mundo entero se hubiera quedado vacío. Hiraman volvió a por su carro.

"¿Cuándo vas a volver al pueblo?", le preguntó a Lalmóhar.

"¿Qué voy a hacer ahora en el pueblo?", contestó éste. "¡Esta es la ocasión de ganar dinero llevando cargas! Hirabai se ha ido, ahora la feria se dispersará."

"Está bien. ¿Quieres que dé algún recado en tu casa?"

Lalmóhar intentó razonar con Hiraman. Pero Hiraman torció su carro hacia la carretera que llevaba al pueblo. ...¿Qué queda ahora en la feria? ¡Una feria vacía!

Durante un buen trecho, la carretera de tierra corre paralela a las vías del tren. Hiraman nunca ha viajado en tren. Un antiguo deseo se asomó de nuevo a su corazón: ir en tren, cantando canciones, en peregrinación al templo de Jagannath. ...No se atreve a darse la vuelta a mirar su carro vacío. Hoy también siente un estremecimiento en la espalda. Hoy también una flor de champa ha florecido en su carro. Una y otra vez, el ritmo del timbal acompaña a un verso suelto de una canción...

Por fin se dio la vuelta y miró: ni sacos, ni bambú, ni tigre ...hada... diosa... amiga... Hiradevi... Mahuá la chica del río... na-die. Voces mudas de momentos pasados intentan hacerse oír. Los labios de Hiraman se mueven. Seguramente está tomando un tercer voto — sobre las bailarinas de las compañías...

De repente, increpó a los bueyes mientras les daba un latigazo: "¿Qué hacéis volviéndoos una y otra vez a mirar las vías del tren?". Los dos bueyes aceleraron el paso y se pusieron a trotar. Hiraman empezó a canturrear: "¡Oh, sí, han matado a Gulfam!"



NOTAS

1- La Diosa Madre, de la que todas las diosas son formas o manifestaciones, representa el Principio Femenino, el aspecto creador y maternal de la Divinidad.

2- Gamcha: tela de muchos usos, como turbante, toalla, taparrabos, etc.

3- Nautanki: especie de ópera popular del norte de la India, derivada de las baladas recitadas y cantadas por los bardos itinerantes. Se representa sobre una plataforma por compañías ambulantes. Los papeles femeninos son a veces representados por hombres.

4- Los meses tradicionales indios están basados en el ciclo de la luna. Duran 28, 29 o 30 días y están divididos en dos partes: la quincena clara o luminosa (luna creciente) y la quincena oscura (luna menguante). Cada tres años se añade un mes extra para guardar la correlación con el año solar.

5- Hira significa diamante.

6- Antiguamente (todavía se dan casos en algunos pueblos) eran comunes las bodas de niños.

7- Antiguamente las bailarinas eran prostitutas o cortesanas.

8- Baniano: Ficus Indica o Ficus Bengalensis, también llamado nyagrodha. Este árbol, bastante común en la India, puede alcanzar enormes proporciones y se caracteriza por echar raíces a partir de las ramas. Es considerado sagrado y a menudo constituye el centro del pueblo.

9- Bidi: cigarrillo barato hecho de una hoja de un arbusto llamado kendu enrollada alrededor de tabaco picado.

10- Sáhab o sáhib: término de respeto empleado para personajes distinguidos. En tiempos del Imperio Británico se designaba así a los ingleses.

11- Sarásvati es la diosa de la sabiduría, de la música, las artes y la palabra. Es la esposa o shakti (energía) de Brahmá, dios creador o aspecto creador de Dios.

12- Bidesia, chokra, balwahi: tipos de compañías ambulantes. Gazal: forma poética común en persa, árabe y urdu, cantada acompañándose con un instrumento. Estuvo muy en boga en la corte de los soberanos musulmanes.

13- Hanumán es un dios mono que aparece en el Ramayana, donde es el compañero fiel de Rama, al que ayuda a rescatar a Sita de las garras de Rávana que la había secuestrado. Representa la fe, la devoción y la fuerza física. Se ha hecho muy popular en el norte de la India.

14- Chílom: especie de pipa cónica de barro o madera

Ganja: preparado de Cannabis Indica similar a la marihuana.

16- Betel: planta trepadora cuyas hojas se mastican junto con nuez de areca, cal y otros ingredientes como tabaco, etc. Es consumido en la India y sudeste asiático desde tiempos antiguos.

17- Ghat: escalones a la orilla de un río o un estanque que permiten acceder al agua. Los más famosos son los de Benarés.

18- Ustad: maestro en la tradición persa y urdu. Se usa especialmente para los maestros de música y arte.

19- El consumo del té fue popularizado en la India por los ingleses a finales del siglo pasado y principios de éste. Consumido con leche, hoy se ha convertido en la bebida nacional.

20- Gúruji: guru significa maestro (desde el maestro de escuela hasta el maestro espiritual). La partícula -ji se añade a los nombres o apelativos para indicar respeto.

21- Ramlila: representación teatral de la vida de Rama según el Ramayana. Rama es un príncipe, encarnación de Vishnu o aspecto preservador de Dios y representa al hombre y al rey ideal. Junto con su mujer Sita y su hermano Laxmana tuvo que ir al bosque en exilio durante catorce años, y luchó contra el rey-demonio Rávana para rescatar a su mujer, que éste había raptado, volviendo finalmente para ser coronado rey.

22- Vaishnava: seguidor de Vishnu (Dios visto como protector y conservador del universo), adorado principalmente a través de sus encarnaciones o avatares, sobre todo Rama y Krishna.

23- Tocar los pies (tras lo cual se lleva uno las manos a la cabeza o al corazón) es un acto de respeto que se realiza con los padres y mayores y personas especialmente respetables.

24- Babu: término para personas instruidas o trabajadores de cuello blanco. Uniéndole la partícula -ji (bábuji), se usa para designar a personas respetables y al padre en particular.

25- Dhólak: tambor de dos pieles que se toca por ambos lados con las manos, utilizado a menudo en las procesiones.




SOBRE EL AUTOR


PHANISHWARNATH RENU (1921-1977) nació en un pueblo del estado de Bihar. En su juventud participó en la lucha por la independencia. Tras una larga enfermedad, dejó la política para dedicarse a la literatura. Su novela ‘Maila anchal’ (La región sucia) publicada en 1954 le da a conocer en el mundo literario. Escribe básicamente sobre la vida rural, que conoce en profundidad y por la que siente una gran simpatía, y en este sentido ha sido considerado a menudo como un continuador de Premchand. El cuento ‘El tercer voto’ sirvió de guión para una famosa película.


1999 Indica Books

Gentileza de Indica Books, Varanasi: indicabooks@satyam.net.in